La ilusión duele. Creo yo que duele más a que te digan adiós… duele más porque no sabes por qué te rechazan. ¿Será que se dieron cuenta que no eres perfecta? ¿Será que se toparon con alguien que al caminar robaba miradas? O simplemente ¿será que se fijaron en alguien que no se parece nada a ti? Sabes en el momento en que lo ves…en que quererlo va a doler de verdad.
Cada mañana y cada noche te ríes con esperanza de que llegué a sus oídos un poco de tu alegría. Sin embargo parece ser que en la distancia se pierde tu trazo y jamás llegas en su mente a estar.
La ilusión es injusta. Creo yo que por eso preferimos la ficción. Al menos en sueños ella jamás aparecerá y no habrá nadie más a quien mirar…excepto a ti. Al menos en sueños tu corazón no se lástima y te ahorras una herida.
La ilusión es eterna. Un castigo de algún ser horrible, porque la ilusión siempre prevalecerá mientras no seas correspondida. Podrías llamarte ilusionada por meses…y jamás podrás avanzar con alguien más porque la ilusión te hace ser fiel.
Maldita sea la forma en que se maneja la ilusión en los mortales. Decirle a los demás que eres soltera pero no disponible porque estas atada a alguien que vuela libremente y no suele voltear a la tierra ya que tiene a su lado miles de estrellas…
Cada canción, cada lugar, cada aroma son un recuerdo que te recuerda de tu ilusión para que te encadenes de nuevo y no tengas las ganas de querer escapar. ¿Será nuestro destino suspirar en vez de amar?
La ilusión crece. Con cada palabra que se escribe, la mente y el corazón hacen un pacto de no olvidar y dónde sea que estés…por más kilómetros que huyas de él ahí estará. Es como la droga más poderosa y adictiva que se inyecta en la sangre con miradas y se instala en el alma.
Pero a veces…solo a veces, esa ilusión, tan maldita perversión se puede transformar cual mariposa en algo que se llama: amor. Se termina el deseo y comienza el amor correspondido.